SECUNDUM MISSALE ROMANUM EX DECRETO SS. CONCILII TRIDENTINI RESTITUTUM SUMMORUM PONTIFICUM


Es tradición muy noble, desde los primeros tiempos, que los libros litúrgicos estuviesen adornados de la mejor artesanía disponible, siendo en muchos casos la cumbre del arte de su tiempo. Siguiendo esta loable tradición el Lectionarium supone un logro similar en la actualidad.

Por su muchas cualidades, que lo hacen único dentro del conjunto de la publicación litúrgica actual, es el mejor ejemplo en calidad dentro de las ediciones de grandes cantidades de ejemplares de nuestros días.

Junto con nuestro mejor asesor para el aspecto exterior del Lectionarium - el encuadernador -, nos sentimos orgullosos de haber superado los principales obstáculos de producción, y por ejemplo con la innovación introducida en las cintas de marca, creemos haber aportado un avance pionero en la materia.

Las medidas, la piel de cuero y el relieve en oro.

El Leccionario mide 25,2 cm. x 36 cm. (9,92 x 14,17 pulgadas), es decir unas medidas similares al tradicional Missale Romanum de altar. Con este tamaño, se superaban la actuales limitaciones en la impresión del tamaño del papel. Se eligió un papel digno para el uso que se le iba a dar, con un peso de 100 gr. / m² (26 lb) de papel, con un color marfill y una estructura robusta.

La cubierta necesariamente tenía que ser de cuero, era lo apropiado para el Lectionarium, esto suponía otro esfuerzo especial, no estaba el problema en el tamaño ni en el precio del mismo, pero sí en conseguir un cuero con el color y la textura idóneos. Para el Lectionarium el color óptimo es el rojo, en especial un rojo oscuro, de lo contrario el contraste con el color verde y el violeta no resultarían adecuados.

El proceso de obtención del cuero, no ha variado demasiado desde hace siglos, el cuero se corta en capas delgadas, que luego son teñidas, logrando una textura especial. La gama de colores disponible era limitada y el rojo litúrgico que se ofrecía, era en un tono brillante, que actualmente es la pauta que se toma para los libros litúrgicos actuales.

Un problema adicional, era la variación de texturas de unas capas a otras del cuero, elegir sólo la capa superior supondría un coste excesivo, y por otro lado elegir un cuero moderno, resultaría carente de textura y parecería artificial. Pero afortunadamente, pudimos encontrar un curtidor que tomando como referencia un Missale Romanum antiguo que le facilitamos, supo recuperar la técnica y las herramientas necesarias para obtener un resultado excelente en color y textura, estando perfectamente a la altura de los antiguos artesanos que elaboraron los viejos misales. De esta manera, podemos afirmar, sin género de dudas, que no sólo por el contenido, sino también por el continente, nuestro Lectionarium supone una continuidad en la venerable tradición de los libros clásico litúrgicos del Rito Latino.

Manufactura y estabilidad.

Muchos libros litúrgicos modernos adolecen de un defecto en su manufactura, situado en el “interior bisagra” que los une a la portada del mismo. Aunque el Lectionarium, con sus 350 páginas, resulta mucho más delgado que un Missale Romanum, y por lo tanto su grosor, mucho más ligero. A pesar de ello hemos logrado recuperar la técnica de los editores litúrgicos cuando tenían que enlazar antiguamente el Missale Romanum, y así hemos optado por reforzar la estructura interna con la misma piel que cubre la portada. Esta técnica garantizará una prolongada duración en el tiempo y una completa estabilidad de su estructura.

En la foto podemos apreciar brillo en el frontal y guardas, pero, en realidad son de color marfíl para que tenga la misma tonalidad que el pape utilizado para el texto. En la parte inferior de la foto, se puede apreciar ligeramente la “vinaceous” (tono rojo vino) de color oro y las bandas y bordes dorados, que adornan los tres lados de la estructura del libro.

Cintas para marcar

Las cintas que se utilizan para señalar las páginas correspondientes al oficio del día, resultan indispensables en los clásicos misales de altar y en cualquier edición de calidad de un libro litúrgico. Si usamos una cinta ancha para insertarla entre las páginas del libro, el ángulo que forma la cinta no resulta estético y además produce un pequeño bulto entre las páginas, deformándolas y ocasionando un cierto deterioro en las mismas. De esta manera, los mejores libros litúrgicos antiguos disponían siempre de una estrecha “cinta de guía” que se unía en la parte superior al cuerpo del libro. Esta cinta pegada o cosida al mismo, disponía de un doblamiento en forma triangular, en la parte superior de la misma que evitaba daños a ser colocada entre las páginas.

Aunque no es un problema serio, y dado que el Lectionarium sólo requiere de dos cintas, nuestro encuadernador, haciendo gala de una previsión encomiable, ha forrado ambos extremos de la cinta con una piel muy fina, disponiendo un pequeño orificio en el medio, que permite la unión al cuerpo del libro. La piel situada en el extremo inferior, impide que con el uso se pueda deshilachar.